Hoy, permitidme, mi mensaje va dirigido a alguien que estará en alguna parte de la nada, en cualquier rincón de la inmensidad de lo no finito.
Hoy quiero dirigirme especialmente a ti. Lo publico para asegurarme de que pueda llegarte, así, depositado en la inmensidad del cosmos y ubicado en la mente de todos los que elijan tomar contacto con este texto, aunque su impulso por leerlo se deba simplemente a la curiosidad.
Has decidido irte hace ya más de dos años, cuando te sabías preparada para tu viaje, cuando tú lo has consentido. Me gustaría saber cómo fue, que tal te ha ido. Cómo estás, me gustaría saber cómo estás y por qué te has ido. Tengo curiosidad por saber dónde te encuentras, a dónde te has ido, a qué punto del universo debo dirigir mi mente para imaginarte. Me gustaría. Pero, sobre todo, me gustaría que supieses que sigues aquí y allí, presente a pesar de haberte ido y casi tan material como si no te hubieses ido todavía.
Me gustaría decirte que me gustó volver a encontrarte. Supe que estabas aprendiendo a irte. Quise acompañarte en el inicio de tu último viaje, recordé que de tu mano había iniciado mi camino adulto y fui consciente al mismo tiempo de que ahora tú estabas terminando el tuyo. Me gustaría decirte que ha sido un honor compartir los pequeños tramos de ese trayecto final. Y los primeros. Me gustaría contarte todo lo que me has enseñado y todo lo que yo he aprendido. Me gustaría poder decirte misión cumplida. Si, todo esto me gustaría.
Me gustaría que supieras que todo va bien aquí. Que la vida fluye con su dinámica habitual, indescifrable e impredecible. Me gustaría contarte que ellas, las dos, te mantienen viva en su recuerdo. Y que ella, la naturaleza que compartimos, representa lo mejor de los dos. Tenías razón. Me gustaría que supieras que está aprendiendo a ser feliz y que algún día sabrá quererse a sí misma tanto como te quiere a ti.
Me gustaría poder contarte todo esto y que allá, donde estés, puedas sonreir feliz al escucharlo.
Si, me gustaría.
Fernando Losada